
¿Que os puedo decir? Cáceres me ha acogido bien hasta el momento, aunque aqui hace un calor que haría huir al propio diablo. El trabajo es interesante y es más o menos lo que me esperaba, aunque me temo que aún me faltan algunos días más para integrarme totalmente y pillar la dinamica del nuevo puesto. Cada empresa tiene su propia política (en esta hay demasiada burocracia interna para mi gusto) y aunque siempre he presumido de mis grandes capacidades de adaptación, parece que tanto tiempo en el dique seco laboral me ha entumecido más de lo deseable. Pero todo se andará.
En otro orden de cosas, ha llegado el momento de comenzar la pre-producción de mi segundo cortometraje, asi que os mantendré convenientemente informados de los avances que se vayan produciendo, al igual que hice con Niko The Surfer, que por cierto, me ha proporcionado un contrato de no exclusividad con una empresa de distribución de contenidos multimedia por internet. Este segundo proyecto, de título aún por determinar, será un trabajo colectivo. Se acabó ir de lobo solitario en según que menesteres.
¿Qué me falta para sentirme totalmente integrado, aparte de buscarme amistades con las que tantear la noche cacereña? Pues traerme unas cuantas cosas que me dejé en Madrid. Algunas por despiste, como el poster de Los Siete Samurais de Kurosawa que adornaba una de las paredes de mi habitación o mi camiseta negra favorita que olvidé colgada y huérfana en la última colada del último día y otros, por necesidad, como las cajas de libros y comics que no entraron en la furgoneta de alquiler y aguardan en un trastero el regreso de su dueño y señor.
Bueno, tambien habría que prestar atención a otras minucias, tales como trasladar mi cuenta bancaria a una sucursal de mi nuevo barrio, ver si puedo obtener una cartilla sanitaria provisional por si contraigo la gripe porcina y apuntarme a un gimnasio. Pero eso es otra historia, que os contaré más adelante.
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